A Don Ata

Hace 100 años nacía Atahualpa Yupanqui, quizás uno de los últimos trovadores y poetas auténticos de nuestra tierra, artista sensible que le canto a las cosas simples y cotidianas, juntando poesía con sabiduría, y logrando así la popularidad y permanencia en el tiempo.
Sus letras son cantadas y reconocidas por casi todos los artistas tanto del folklore como de otros géneros.

Nace el 31 de enero en Pergamino, ciudad de Buenos Aires, bajo el nombre de Héctor Roberto Chavero Aramburo, quien con solo 7 años decidió llamarse Atahualpa, para después sumarle el Yupanqui.
De padre criollo y de madre vasca, desde muy pequeño debió mudarse varias veces por causa del trabajo de su padre, quien era ferroviario.
A la edad de 10 años, se mudaron a Tucumán, lugar que lo fascinaría y al que volvería una y otra vez.
En el año 1923, en circunstancias no del todo claras su padre se suicida, debiendo volver el y su madre a la ciudad de Junín.
Allí, aprendió a tocar la guitarra con el maestro Bautista Almirón, quien lo marcara profundamente con sus enseñanzas.
A principios de la década del 40 se caso con Maria Martínez, pero su matrimonio fracaso.
Poco después conoce en Córdoba a Nanette, con quien compartiría su camino hasta el final de sus días, y quien sería su colaboradora bajo el seudónimo de Pablo del Cerro.

Su pasión por la política fue decreciente. Apoyó a Hipólito Irigoyen y más tarde, se afilió al Partido Comunista. Fue perseguido por el primer peronismo e incluso, “por comunista y guitarrero”, un policía tiró en una comisaría una máquina de escribir sobre su mano derecha (sin saber que era zurdo): la agresión no tuvo consecuencias inmediatas, pero a la vejez esa mano se le puso peor y debió realentar su manera de tocar.

En 1949, en París, conoció a Edith Piaf. Contaba: “La conocí en la casa de Eluard. Después de cenar, toqué la guitarra. Me estaba quedando sin monedas para el hotel y Piaf tuvo gestos maravillosos. De pronto aparecieron unos afiches que decían: Edith Piaf cantará para usted y para Yupanqui. ¡Estaba en la cima de su fama y quería compartir un show conmigo, que era un negrito que se escondía detrás de la guitarra!”
También recordaría que al momento de arreglar cuentas, ella le cedió su cachet: “Tú lo necesitas, yo no”, le dijo

“No puedo, amigo. No me siento elegido para ninguna clase de homenaje. Y Tata Dios sabe que digo la verdad. Me imagino en una cabecera y casi le diría que me causa risa verme objeto de lisonjas y amabilidades, y homenajeado por el solo hecho de haber seguido el rumbo de mi vocación…” Así respondía Atahualpa Yupanqui ante un posible homenaje, en 1964.

Hay tanto por decir de Don Ata, que todo cuanto se escriba será poco.
Por eso, les dejoDon Ata hablando del gaucho y de la Argentina.

Que lo disfruten




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