Carlos Pallarols, tradición, juventud y pasión.

pallarols
Con la carga que puede suponer pertenecer a una familia reconocida internacionalmente por su trabajo en platería, lejos de resultarle un peso, Carlos Pallarols eligió en su vida seguir este camino.
Desde muy pequeño supe que esto era lo que quería hacer” dice muy seguro y satisfecho por su elección. Tenía 5 años y ya andaba toqueteando cosas en el taller de su padre,

experimentando, aprendiendo y asimilando todos esos detalles y trucos que uno puede aprender solo viviéndolos desde adentro y para los que fue muy bien preparado por maestros de la más alta categoría en el tema.
Una de las cosas que llamó mi atención, ya desde antes de conocerlo, fue la incursión en nuevos productos (por así llamarlos) desde un arte que se presupone clásico y tradicional. Por ej. Los pendrives!

iglesia
Uno de mis más importantes trabajos fue el altar mayor de la Catedral de Buenos Aires. Tenía solo 30 años, y estaba realizando uno de los trabajos más importantes que se le puede encargar a un maestro platero!. Al finalizar ese trabajo, al que le dedique todo mi tiempo y lo mejor de mí, como hago con cada obra, desde la más pequeña hasta la más grande; me dije, esto no soy yo!, y decidí que era momento de buscar nuevos horizontes.
Con la sencillez característica de un grande, durante un largo rato, Carlos habla con migo, como si lo hiciera con su mejor amigo, participando también de la conversación su esposa, con quien se puede decir que hacen un complemento perfecto.
Me cuenta de su pasión y amor por su trabajo y transmite claramente, el sentimiento que comparte con cada artesano, que se precie de tal, por cada una de las piezas que elabora.
Desde la primera reunión con su cliente, hasta la finalización de su obra, cada pieza es única para él, y adquiere la categoría de “hijo”.
Cada pieza que realizo, la hago con todo mi amor y dedicación. Quiero que mi cliente se lleve lo que realmente quería y lo valore como una obra de arte, para que pase a ser parte de su patrimonio familiar.
Ese es mi mayor orgullo, saber que estoy haciendo cosas que pasarán de generación en generación y que serán realmente valoradas por quien las posea
.

Pero volviendo al tema de lo nuevo, Carlos se descubre como un hombre igualmente fascinado por las nuevas tecnologías y por diversos temas que salen de lo común para un platero y lo llevan a incursionar en nuevas experiencias, como la moda, la cata de vinos, etc.
copaCuando empecé a degustar vinos, me dije, quiero mi propia copa de cata, y la hice. Al poco tiempo, mis clientes empezaron a pedirme también sus propias copas.
Cuando me propusieron participar de la moda, me encanto la idea, y me metí de lleno en el tema.
Así soy, busco constantemente cosas nuevas, que me entusiasmen y me atrapen. Y sobre todo, soy muy exigente con migo mismo. Como decía mi suegro “lo bueno es enemigo de lo excelente”, y para eso, hay que exigirse cada día un poco más, en cada trabajo, en cada detalle
.

Pasada una hora larga de conversación amena e interesante, Carlos me mostró su atelier, describiéndome con paciencia y dedicación para qué servía cada utensilio y herramienta y mostrándome sus bosquejos de obras realizadas y por realizar.
Me sentí como si Davinci me mostrara el bosquejo de la Mona Lisa.

El valor de estar en presencia de detalles que muy pocos tienen la oportunidad de apreciar y  sentir la carga emocional que cada una de sus creaciones tuvieron y tienen para él, acompañada de su humildad y orgullo por su trabajo e historia, con la sencillez de un niño que me muestra por ej. Un rosario que perteneció a Juan Pablo segundo, me dejaron por un largo momento sin palabras (cosa nada sencilla de lograr, debo admitir).
Cuando nos íbamos, y como si no hubiera sido suficientemente valioso todo lo que me brindó, apareció de pronto con dos sobrecitos azules en su mano y me dijo:
escarapela
“Quiero que te lleves un recuerdo mío, es algo que hice para rememorar el bicentenario, porque para las futuras generaciones, será muy importante saber que uno vivió esa época. Creo que la gente no tiene real conciencia de lo que estamos viviendo”
, y acto seguido, sacó del sobrecito una escarapela tallada a mano, con la bandera argentina esmaltada y su firma en el reverso que colocó en mi solapa.

Que mas podía pedir?, me fui pensando en un concepto que rondó nuestra charla “si uno hace lo que ama, nunca sentirá la carga del trabajo”, entrevistas como ésta, hacen que recuerde el placer de lo que hago.
Gracias Carlos!
Como todavía queda mucho mas para conocer sobre el trabajo de este impresionante platero, los invito a disfrutar de www.pallarols.com




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