Carruajes antiguos

Se puede asegurar con certeza que en nuestro país, durante años, no hubo otro medio de locomoción que el caballo y la mula. Esto se debió, en parte, a la cédula dictada el 24 de Noviembre  por el entonces Rey de España, Felipe II. En ella se prohibía el uso de los coches en América.
Medida destinada a contener el lujo desmedido de los funcionarios, se utilizó como pretexto el salvaguardar la posible falta de caballos y mulas tan necesarios en la época.

Aparentemente Lima fue la primera ciudad en donde se introdujeron los carruajes. Luego comienzan las excepciones y la aparición de vehículos. Primero el virrey, luego el arzobispo, funcionarios, familias pudientes, etc.
Todos coinciden en que el primer carruaje que rodó por Bs. As. fue una calesa o volantín de varas, con sopandas y capota, tirado por una mula. Fue traído de España por el ilustre vizcaíno Tte. Gral. don Bruno Mauricio de Zabala, gobernador de Bs. As. en 1717 y fundador de Montevideo en 1726. Dicho gobernador tuvo que recurrir al coche debido a haber perdido el brazo derecho en acción de guerra y no poder montar a caballo normalmente.
Así como se sabe de la llegada de este primer coche a Bs. As. hay datos sobre la existencia de otros en provincias como Córdoba y Tucumán anteriormente a la fecha mencionada, obtenidos de documentos, cartas, inventarios de la época.
En 1773, Concolocorbo dice de Bs.As.: “No creo que pasen de 16 coches los que hay en la ciudad”.

Llega el año 1800 y pasamos de los coches de ciudad o de viajes de corta distancia. La existencia de caminos era casi nulas. Eran utilizadas las rastrilladas (rastros) dejada por los indios, conocedores de las distintas zonas, o huellas de carretas anteriores.(buey- güey – güella).

El gran movimiento tanto de mercaderías como de personas se realiza en carreta tiradas por bueyes. Tal lo describe, entre otros, Tadeo Haenke en “Viaje por el virreinato del Río de la Plata” en el año 1795.

Familias acaudaladas comienzan a hacerse fabricar sus coches de viaje, recordando que el auge de las compañías de mensajería es a partir de 1852 (batalla de caseros) luego de la caída de Rosas.

 

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