Las Carretas


“Caracoles civilizadores”

Fueron las carretas las precursoras de las galeras y el ferrocarril, en comunicar a los pueblos con la campaña y sus estancias.
Poseían dos ruedas enormes, sin llantas, de hasta tres metros de diámetro, que solían ser de lapacho, y estaban reforzadas por lonjas de cuero. El eje, frecuentemente se confeccionaba de madera de naranjo.

Las paredes tanto podían ser de tablas, como de junco o paja quinchada con travesaños de caña tacuara. El techo podía ser también  quinchado, luego cubierto con cueros de potro o vacunos, con el pelo para afuera, cosidos entre sí. Para formar el techo, las estacas de un lado se unían con las del otro por medio de arcos de mimbre, quedando siempre en el centro, mas bajo que en los extremos. Existían dos tipos de techos: redondeados, que recibían el nombre  de toldos y a dos aguas, como los ranchos. Estos últimos fueron poco usados.
El pértigo era ala lanza de la carreta sobre la que se sentaba el carretero; confeccionada de urunday, salía por la parte inferior de la carreta hasta unos tres metros adelante. Sobre el pértigo iba fijado el yugo al que se los uncían los bueyes pertigueros. Por lo general eran tres las yuntas de animales empleados y recibían distintas denominaciones. A los pertigueros, que eran los primeros, seguían los cuarteros del medio y los cuarteros de adelante o delanteros.

Los bueyes, que siempre tomaron nombres muy característicos, por ejemplo “palomo”, “Bravo”, “Hosco”, “Gaucho”, “Aura”, “Pampa”, “Corneta”,etc. se aseguraban al yugo con unas sogas de cuero llamadas coyundas.
La picana era una caña de unos cuatro hasta nueve metros de largo, con una punta afilada de hierro que se llamaba clavo y servía para aguijonear los animales mientras que para detenerlos, se empleaba el cejador que era un chicote de grueso y corto mango, del que salían varios tientos con los que se golpeaba la cabeza y frente del buey, suavemente, al tiempo que se le decía “ceja, ceja… ten , ten …” y cuando era necesario marchar hacia atrás, con el mismo implemento se los tocaba y se les gritaba: “tras,.. tras,…”.
Antiguamente muchas picanas llevaban unas púas verticales de hierro, escalonadas y con adornos de plumas de avestruz, que recibían el nombre de cantramilla. Así dice José Hernández:
Allí sentado en su silla
ningún güey le sale bravo;
a uno le da con el clavo
y a otro con la cantramilla.
El llamador era un travesaño de un metro y medio a dos, que pasando por debajo de la tolda de la carreta sobresalía por delante. En su extremo libre, solía colgarse un farol. Además pendían de él, muchos adornos: huevos de avestruz pintados, alguna cola de vaca, claveles del aire, estrellas de madera, etc.
La masa era la parte central de la rueda, donde giraba el eje. Llegaban a tener hasta 45 centímetros de diámetro. Enterrarse hasta la masa, significaba hundirse en el barro muy profundamente.
Cuando la capacidad de las carretas resultaba insuficiente, se ampliaba su caja hacia adelante o atrás con unos cueros vacunos, recibiendo este nuevo espacio cerrado el nombre de buche. Resultaba muy útil para el transporte de lana y tercios de yerba. Además por debajo de la carreta, se colgaba un saco de cuero que recibía las voces de noque o capacho. En él el carretero llevaba sus avíos personales para la marcha, desde su infaltable caldera para calentar el agua de sus amargos, hasta sus ropas.
En el interior del vehículo, resultaba también infaltable, una gaveta o arcón de cuero crudo, destinada a contener, entre otras cosas yerba y azúcar. También se llevaba una botija grande de agua, leña y algunas maderas, que a veces resultaban necesarias para arreglar algunas roturas.
La carreta representa también en nuestro país, una de las primeras industrias importantes, ya que estos vehículos no se importaban sino que se construían en cada pago con las maderas que ofrecía cada región. Las provincias del norte eran las más importantes proveedoras.

 

 

 

En todas las viejas estancias se tenía, por lo menos una carreta,. Era imprescindible.
Como bien la definiera Fernán Silva Valdés, la carreta fue “en nuestro medio como un extraño caracol civilizador”. Pesadas y lentas, pero constantes y pacientes, fueron rayos de progreso expandidos hacia la pampa virgen. Recorrieron de punta a punta todo nuestro extenso país. Llevaron y trajeron, subieron y bajaron, ríos, lagunas y cañadones.
Mucho antes de llegar a un punto determinado y aún sin verse, se oía el chirrido de sus ruedas anunciando la llegada. Dicho sonido se conocía entonces como balido de la carreta.
Por lo general, cuatro horas antes del mediodía se hacía un alto y se ubicaba a las carretas formando un círculo. Se soltaban los bueyes y los caballos y se los dejaba pastar. Una hora después del mediodía, se encerraba a los bueyes nuevamente en el círculo y a lazo se los conducía hasta el yugo.




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One thought on “Las Carretas

  1. Hola! este blog no podria escribirse mejor! me recuerda a alguien que conozco, se lo
    pasare, no me cabe duda de que le interesara.

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