Leyenda del calafate

Familia tehuelche en su toldo de pieles de guanaco. AGN
Familia tehuelche en su toldo de pieles de guanaco. AGN

El que come calafate vuelve a la Patagonia” este dicho está basado en una antigua leyenda tehuelche.

Para el otoño todos los pájaros y animales pequeños ya habían emigrado en busca de otros lugares donde pudieran encontrar algo de comida por eso, no vieron detenerse a los hombres en su ardua marcha a través de esa región helada, ni la tienda que habían armado en ese lugar, antes de seguir nuevamente su camino.

Solo ella, la hechicera, no había sido capaz de irse con los suyos, era la ley de la vida, estaba demasiado anciana para seguir y no quiso demorarlos. Y allí se había quedado, en el * kau que las mujeres de la tribu le armaron con palos y  pieles de guanaco. Ellos le dejaron víveres  y leña que tal vez le alcanzaran para llegar al final del invierno.

Hasta donde sus ojos gastados se lo permitieron, Kuunek siguió a los * aónikenk entonando el canto de su clan. De esa manera se despedía de los suyos.

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Los primeros en regresar, rompiendo la quietud del paisaje después de tanto tiempo de estremecedor silencio, luego que se quebraron los hielos y aparecieron las aguas bajando por las laderas de las montañas,  fueron las aves. Todo era bullicio, alegría, ante la inminente llegada de la primavera. Se oyeron chingolos, * cachañas, el carpintero negro… Pronto se vieron los brotes  de las plantas y la sinfonía de la naturaleza surgió en todo su esplendor.

Todos los animales estaban ansiosos y la curiosidad de las aves, las llevó hacia algo que no estaba allí cuando partieron. En busca de alimento se acercaron al kau y se posaron sobre él. Un ronquido las sobresaltó y las hizo volar. Luego la curiosidad fue superior al miedo y volvieron. Del interior de la tienda brotó la voz de la hechicera que conocía el lenguaje de los pájaros. Ella les reclamó que la habían dejado sola. Callaron los pájaros con temor. Sólo un chingolo se atrevió a contestarle y le explicó que se habían ido porque no tenían alimento. La hechicera les dijo que haría algo para que esto no volviera a ocurrir. Los pájaros se pusieron muy alegres y volaron haciendo mucho bullicio. De pronto, la voz de Kuunek se oyó en un cántico monótono y hubo golpes en la tierra, gritos… La tienda pareció sacudida  por una pelea. Toda clase de sonidos salían de ella y las aves remontaron vuelo asustadas.

Cuando se tranquilizaron, regresaron a posarse de nuevo sobre el kau y las pieles cayeron. Descubrieron  entonces que la anciana ya no estaba allí y en su lugar, sólo encontraron un árbol espinoso de flores amarillas.

Una mañana de verano, las aves notaron que el árbol tenía frutos redondos de color azul profundo. Y los probaron. Los frutos tenían un sabor exquisito. Ahora tendrían alimento para cuando comenzara un nuevo ciclo frío.

Desde entonces, algunas aves ya no emigraron y las que se fueron, regresaron a comerlos. También los aónikenk que cada año atravesaban el territorio se atrevieron a probarlos, Los pájaros y ellos desparramaron sus semillas por todos sus dominios.

Y ahora el espíritu de Kuunek tiene siempre el canto de los pájaros, porque ellos siempre volverán.

(*)Kau: toldo

Cachaña: cotorra austral.

(*)Aónikenk: tehuelches meridionales australes.*Si querés saber más de los tehuelches hace un clic acá




Base de datos:

. Orígenes. Leyendas Argentinas. Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. (2007)

.Tehuelches: clasificación del antropólogo argentino Rodolfo Casamiquela (1965)

Mas sobre la planta del Calafate aqui

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  • Soy profesora de Francés, lengua y literatura retirada. Escritora de cuentos para niños, poesías y relatos. Tuve el honor de aprender de una grande como Ester de Izaguirre a quien le traduje al francés una de sus obras. Soy una aprendiz constante y hago mi aporte a este sitio porque amo la cultura y tradiciones.

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