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]]> ORACIÓN A MARÍA DEL BUEN MATE
María del Buen Mate
Del mate de las frías madrugadas,
del mate de las tardes otoñales,
del mate de las noches de estudiantes,
del mate de la espera…
María del Buen Mate
del mate del amigo y del encuentro
del mate que reemplaza los almuerzos
del mate que calienta los inviernos,
del mate que reúne y que celebra…
María del Buen Mate
del mate oportuno en la visita,
del mate silencioso en los abuelos,
del mate espumoso de la rueda,
del mate que no hace diferencias…
María del Buen Mate
del mate que está siempre dispuesto,
del mate que nunca se resiente,
del mate que se alegra en ser usado,
del mate que se brinda a cada hora…
María del Buen Mate
enséñanos a tomar mate
que no sea el mate frío de la rutina,
que sea el mate del amor fraterno
que nos deje sabor a vida nueva.
Que no sea el mate “que pierde tiempo”
cuando hay otro que quiere compartirlo.
Que sea el mate que celebre siempre
al amigo oportuno que se acerca,
que sea el mate creador de espacios
donde el otro encuentre la paz y la confianza
que sea el mate que suavice las heridas
y acorte las horas de cansancio y soledades.
Que sea el mate una buena nueva,
un canto a la amistad,
una moda de amar y dar la vida.
Amén.
(Convento Cristo Rey, Esperanza)
Por el Padre Dario Rodriguez, misionero betharramita.
I
Cuentan que el mate inventó
ña taragüisa Irupé,
si caliente o tereré,
no lo puedo saber yo.
Pero afirmo que encontró
en esta yerba bendita
el imán que necesita
la gente de nuestros pagos,
mientras se suman los tragos
todos se sientan cerquita.
II
Aquí me pongo a cantar
mientras la pava rezonga,
esta argentina milonga,
sólo para acompañar
una mateada sin par,
porque hoy ceba la Señora,
milagrosa cebadora
que en cada mate que ofrece
con su mirada parece
más que Reina, servidora.
III
Sabiendo que va a servir
se hace más grande la ronda,
y en una amistad muy honda
todos quieren compartir.
No hay mucho para decir,
importa la compañía
y sentir que cada día
una fraterna mateada,
en torno a la Madre amada
llena de paz y alegría.
IV
Más también se puede dar
que ande el criollo solitario;
como nunca es necesario
que busque abrigo y matear.
Y ahí es bueno recordar
que hay alguien que siempre espera
dispuesta a abrir la tranquera
y a escuchar con atención,
las cuitas del corazón
aún del alma más matrera.
V
Esto que yo voy cantando
es pá todos, pero entiende
sólo el cristiano que aprende
desde que anduvo gateando,
que hay otra Madre mirando
y, aunque ya vive en el cielo
gusta andar por nuestro suelo
en medio de los cristianos
para hacernos más hermanos
sin rencor y sin recelo.
VI
Fue inspiración sin igual esta idea misionera
porque en palacio o tapera
la Virgen con delantal llama al santo y al bagual.
Y, esto no es un disparate
que se le ocurrió a un orate
dio el Papa su bendición a esta nueva advocación
“la Virgen Gaucha del Mate”
VII
Alguien podría argüir que esta criollita es muy seria.
Yo pienso que es la miseria que vé,
y el tanto sufrir que le impiden sonreír.
Pero su rostro trasunta y sencillamente junta
en su gesto humilde y puro
tanta paz y amor maduro,
que es respuesta a la pregunta.
VIII
Vengan todos juntos a mí,
acérquense a mi querencia,
yo comparto la dolencia del ya grande y el gurí,
criollo, gringo o guaraní.
Si están todos a mi lado no tiene fuerza el pecado
y renace la confianza,
porque yo soy la esperanza
para este mundo extraviado.
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]]> La luz mala
La entrada La luz mala, creencias de campo se publicó primero en Tierra de Gauchos.
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]]> Entre las creencias populares del gaucho se encuentran, el Alma en Pena, la Luz mala, Los aparecidos, entre muchos otros.Con este relato, inauguramos una nueva sección en nuestro portal sobre creencias y mitos.
Si conocen alguno en especial (como el que nos envía Stella aquí) o quieren saber mas sobre alguno de ellos. Pregunten, que con gusto investigaremos y les contestaremos.

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]]> https://tierradegauchos.com/creencias-populares-y-otros-mitos-del-gaucho-argentino/feed/ 0La entrada Leyenda sobre la Laguna Epecuén se publicó primero en Tierra de Gauchos.
]]> Laguna de Epecuén, lugar encantado para pasar unos días de vacaciones o un descanso de SPA en aguas termales y curativas nos cuenta su leyenda.Allí donde terminan los pastos verdes de la pampa y comienzan los suelos arenosos, donde solo el caldén puede soportar los vientos de esa región infinita, los gauchos y aborígenes decían que comenzaba el desierto.
Eran muy pocos los que podían vivir en esas tierras en épocas lejanas, entre ellos estaban los *levuches, conocedores de los sitios donde podían encontrar agua. Vivían de la caza de animales que se acercaban a los claros de agua por las mismas razones que ellos. Había guanacos, ñandúes, venados, flamencos, coipos y también pumas.
Otro peligro cierto eran, entre noviembre y enero, cuando el sol parecía detenerse en el cielo, los incendios que se producían por los pastos secos, el viento propagaba las llamas y los animales huían en estampida, los hombres buscaban refugio en arenales y lagunas para no morir quemados. Los únicos lugares seguros resultaban los médanos de pura arena y los espejos de agua.
Luego de uno de esos incendios que duró varios días, los *levuches regresaron a su lugar, pero no quedaba nada de sus toldos y sólo se veían algunos caldenes medio consumidos por el fuego cuando alguien gritó:
_ ¡Vengan! ¡Un niño! ¡Y está vivo!
Nadie supo de quien era ese bebé con leves quemaduras que luego curaron. Una familia lo adoptó y lo nombró *Epecuén.
La tribu decidió trasladarse lo más cerca posible de *Carhué aunque ese lugar estuviera habitado, ya que el fuego no había llegado allí. Pero ahora no había abundancia de caza o comida, porque debían compartir la comida con las tribus del lugar. Se consiguió una paz frágil, pero con el tiempo todo se arreglaría.
Epecuén se volvió un joven fuerte, ágil y veloz. Era capaz de alcanzar un ñandú a la carrera y atraparlo, diestro con las boleadoras y la lanza. Todos le admiraban.
Epecuén cortejaba a la hermosa *Tripantu de la antigua tribu pampa y por suerte fue aceptado, pero como era todo un galán, su fama se expandió. Y de pronto, una sola mujer le pareció poco y andaba por distintas tolderías donde aceptaban sus cortejos.
Tripantu le había entregado su amor y no podía creer en la traición. Comenzó a merodear el toldo del joven al caer la tarde y a seguirle los pasos sin que él se diera cuenta. Y una noche de luna clara, lo vio encaminarse a un montecito de caldenes, escuchó risas y le pareció que besaba a una de sus amigas. Su cabeza ardió, su vista se nubló, sus manos temblaron y sus pies se encaminaron hacia el desierto.
Allí en la soledad de la arena y el viento, la joven comenzó a llorar lágrimas saladas sin detenerse. Lloró tanto que una laguna de aguas salobres se formó en ese lugar y ella pereció en su propio llanto.
Epecuén enterado de la desgracia, llegó al lugar y arrepentido, la buscó en la laguna. A él también le temblaron las manos, la vista se le nubló y comenzó a llorar llamándola:
_ ¡Tripantú, permíteme que vuelva contigo!_ y se adentró en las aguas, desesperado por recuperar a la joven, sin recordar que no sabía nadar.
Desde entonces Epecuén y Tripantú moran en lo profundo de la laguna que los aborígenes consideraron sagrada por sus aguas curativas.
Hoy es un lugar fantasma donde sus espíritus vagan.
*levuches: “hombres de río”
*Epecuén: “casi quemado”.
*Tripantú: “ primavera”
*Carhué: “lugar verde”
Base de datos:
-Primeros Pueblos Aborígenes de Argentina Puelches Querandíes
historia y biografías.com>Historia Argentina
-Orígenes. Minist. de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva
Fotografía: Visiting Argentina
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]]> https://tierradegauchos.com/leyenda-sobre-la-laguna-epecuen/feed/ 0La entrada leyenda sobre el origen del cerro Uritorco se publicó primero en Tierra de Gauchos.
]]> En el principio fueron solo los antiguos, ellos habían poblado las sierras cuando todavía estaban naciendo, Vivían en casas comunitarias semi enterradas, construidas con piedras para aguantar los inviernos. Los hombres tenían barbas. se pintaban el rostro de rojo y negro. Y las mujeres eran altas, hermosas, y muchas tenían ojos verdes. Habían levantado altares a la Luna para agradecer por la fertilidad de los campos. Sabían tejer, fabricar vasijas, trabajar metales y piedras, cazaban, criaban aves y otros animales pequeños. No se dedicaban a la guerra, pero se defendían muy bien si los atacaban. Así eran los comechingones.Los sanavironas vinieron después. De cara y nariz ancha, mediana estatura, se agrupaban en clanes, vivían en chozas construidas con paredes de adobe y techo de paja sostenidos por horcones. Rodeaban sus viviendas con cardones y plantas espinosas. Ellos ofrecían danzas y ofrendas al Sol. Eran selváticos y guerreros. Su *nahuan se llamaba Tulmba.
Escuchó Tulmba que el jefe *kamiare, Olayón, pensaba casarse con la princesa y sacerdotisa lunar *hênia, Luyaba. De esta manera las doce tribus de comechingones se volverían más fuertes, lideradas por un solo e indiscutible nahuan.
Olayón y Luyaba se casaron con gran alegría de los pueblos comechingones. Pronto tuvieron hijos y la felicidad fue completa; dos niñas mellizas y luego otros niños comenzando con una época de prosperidad en la región.
Envidioso de esta felicidad como de la superioridad estratégica de los comechingones, un día que Luyaba volvía con su comitiva de visitar a unos parientes, hombres de Tulmba atacaron la caravana y la capturaron.
Los hombres de Olayón que lograron escapar, le avisaron, e inmediatamente se pintaron el rostro de rojo y negro para la guerra. Pero Olayón, valiente y generoso, no quiso derramar la sangre de sus hermanos y propuso una guerra entre Jefes. Este desafío se propagó entre las diferentes comarcas como reguero de pólvora y Tulmba que tenía secuestrada a Luyaba en su choza, debió aceptarlo.
Armados de escudo y de *macana los dos jefes se desataron en una larga lucha rodeados de todas las tribus. Ninguno sobresalió. Eran fuerzas iguales, se derramó sangre en ambos y ninguno menguaba el ataque. Viendo que llegaba a su punto de agotamiento Tulmba envió la macana contra Olayón con toda la fuerza que le quedaba y el escudo de Olayón se partió. El golpe lo alcanzó en la frente. Olayón cayó de espaldas, mirando al cielo. La muerte fue instantánea y estremeció la tierra y a todos los que la pisaban.
Tulmba viéndose vencedor luego de temer ser vencido, volvió a la choza donde tenía a Luyaba y quiso poseerla a la fuerza para asegurar su poderío sobre las distintas tribus.
Luyaba se resistió implorando ayuda a la Luna, el nahuan en su soberbia se rió de ella y forcejeó para conseguir su propósito, pero mientras luchaba, la mujer se deshizo en agua y manó hasta ser una fuerza incontenible que lo arrastró hasta ahogarlo.
Calabalumba llamaron a ese río cristalino en los pliegues de un cerro que se elevó allí mismo: el Uritorco, cuya silueta recuerda al guerrero caído de cara al cielo, con la frente destrozada. Es un hilo de plata que llora sin consuelo por el destino de las tribus, de las que no quedó más que una docena de palabras.
*Nahuan: cacique
* Los hênia: asentamientosOVNIS del sur.
* Los kamiare: asentamientos del norte.
*Macana: garrote con piedras engarzadas.
Orígenes. Leyendas Argentinas. Ministerio de Ciencia. Tecnología e Innovación Productiva (2007)
La entrada leyenda sobre el origen del cerro Uritorco se publicó primero en Tierra de Gauchos.
]]> https://tierradegauchos.com/leyenda-sobre-el-origen-del-cerro-uritorco/feed/ 0La entrada leyenda del pehuén se publicó primero en Tierra de Gauchos.
]]> Desde siempre *Nguenechén hizo crecer el Pehuén en grandes bosques. Al principio los aborígenes, al considerarlo un árbol sagrado, lo veneraban, rezaban a su sombra, le hacían regalos que colgaban de sus ramas y hasta le confesaban sus malas acciones. Los frutos quedaban en tierra, porque pensaban que eran venenosos.Pero ocurrió una vez, que durante varios años, en toda la región hubo escasez de alimentos y los niños y los ancianos morían.Por eso los jóvenes marchaban lejos buscando algo para alimentarse: hierbas, bayas, raíces, carne de animales silvestres… pero todos volvían con las manos vacías. La gente sentía que Dios los había abandonado. Pero no fue así, y cuando uno de los jóvenes regresaba con gran afición por no lograr el sustento para su tribu, encontró en su camino a un anciano de larga barba blanca que estaba esperándolo.
_¿Qué buscas hijo?-le preguntó el anciano.
_Alimento para mis hermanos de la tribu que se mueren de hambre, pero no he encontrado nada._contestó el joven con tristeza.
_¡Tantos piñones que vez bajo los pehuenes! ¿No son comestibles?
_ Los frutos del árbol sagrado son venenosos, abuelo-contestó el joven.
El anciano lo miró sonriente y le dijo con firmeza:
_Hijo, de ahora en adelante, los recibirán como un don de Nguenechén. Hervidos, para ablandarlos, o tostados, son un manjar delicioso. Hagan buen acopio de piñones, guárdenlos en lugares subterráneos para la época de escasez y no les faltará alimento.
El anciano desapareció en la bruma, misteriosamente, como había llegado. El joven juntó todos los frutos que pudo en su manto y llegó a la tribu donde le contó de este encuentro al cacique. Enseguida se reunieron en asamblea y el cacique les dijo:
_ Nguenechén bajó de nuevo a la tierra para ayudarnos, seguiremos sus consejos y nos alimentaremos con el fruto del árbol sagrado.
Fueron a buscar más piñones, los prepararon siguiendo la indicaciones recibidas, se alimentaron y festejaron el acontecimiento con gran alegría.
Cada día, al amanecer, con un piñón en la mano o una ramita de pehuén, los mapuches elevan una oración al cielo:
“A ti debemos nuestra vida, y te rogamos a ti, el grande, a ti nuestro padre, que no dejes morir a los pehuenes. Deben propagarse como nuestros descendientes, cuya vida te pertenece como te pertenecen los árboles sagrados”
*Nguenechén: Dios o ser supremo para los mapuches.
La entrada leyenda del pehuén se publicó primero en Tierra de Gauchos.
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